Un ejercicio entre texto e imagen que se renovó semanalmente.

En cada uno hay un microrrelato disparado por una imagen, o una imagen que surge de un microrrelato.

Diego Axel Lazcano

 

Artista Visual y Diseñador Gráfico. Participa en exposiciones y convocatorias colectivas de artes visuales. Edita publicaciones independientes.

Participó en "…xyzA-Cdef…" antología de poesía visual argentina y catalana (Tiempo Sur, Associació Cultural de Poesia Pont del Petroli,  Badalona - Buenos Aires 2019)

Silvina Gruppo

 

Es licenciada en Letras (UBA) y docente en la Licenciatura en Artes de la escritura (UNA). Coordina talleres de narrativa. Organizó la parte literaria del libro interdisciplinario 3 historias en 1 clic, de la Fundación PH 15. (Fa editora y 27 Pulqui, 2018). Su primera novela, Oeste, fue publicada en Argentina (Conejos, 2019) y en Uruguay (Ediciones de la Banda Oriental, 2020)

Juntos crearon y editaron el proyecto 8cho Y och8

Retrato. Tinta sobre papel

Ciento ochenta grados

 

Un chistido, que no sé si es del sueño o de la calle, me sienta del susto con el corazón en la boca. La vigilia no logra tranquilizarme. No reconozco dónde estoy. Su ronquido me da náuseas y de inmediato me convenzo de que no es por él que tengo ganas de vomitar, sino por todo el alcohol que nos metimos adentro. La borrachera y la resaca se nos fueron superponiendo, soy un continuado de alegría y malestar y alegría y malestar. Es su casa otra vez. De tanto frote ya olemos igual. No me reconozco y me agarra urgencia por bañarme. ¿Qué estoy haciendo acá? Fantaseo con vestirme a tientas, agarrar mis cosas y correr a la terminal. Enciendo el celular para saber la hora: las cinco. El dato no me dice nada. Sólo en mi rutina sé qué significa que sean las cinco.

La oscuridad del cielo es apretada pero el foco de la calle llena la pieza de una luz naranja. No hay cortinas y la persiana se trancó arriba de todo. En la pared se proyectan las ramas peladas del árbol de la vereda. No logro decidir si es una imagen apacible o tenebrosa. Me levanto con cuidado, no quiero que se despierte. Abro la ventana, cierro los ojos, respiro hondo y me expongo sin ropa al aire del invierno. Se me endurece la piel y después la carne y se me escapa un gemido lastimoso. Me concentro en no temblar y esa resistencia mínima que ofrezco con todo el cuerpo me hace sentir fuerte.

Abro los ojos y en una de las ramas veo una lechuza blanca enorme que me está dando la espalda. Pienso un montón de cosas juntas pero ella chista, me asusta y me calla cualquier idea. Estoy quieta, no quiero que me ataque, no quiero que se vaya. Gira su cabeza ciento ochenta grados. Tiene ojos enormes y el pico chiquito. Me doy cuenta enseguida: somos iguales, pero en negativo. Me despejo la cara, corro los mechones de pelo negro atrás de las orejas. Algo hice mal, ella despliega las alas y me deja escuchar el ruido que hace para cortar el aire al levantar vuelo. La envidio y con un nudo en la garganta regreso con él a la cama.

 

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