Un ejercicio entre texto e imagen que se renovó semanalmente.

En cada uno hay un microrrelato disparado por una imagen, o una imagen que surge de un microrrelato.

Diego Axel Lazcano

 

Artista Visual y Diseñador Gráfico. Participa en exposiciones y convocatorias colectivas de artes visuales. Edita publicaciones independientes.

Participó en "…xyzA-Cdef…" antología de poesía visual argentina y catalana (Tiempo Sur, Associació Cultural de Poesia Pont del Petroli,  Badalona - Buenos Aires 2019)

Silvina Gruppo

 

Es licenciada en Letras (UBA) y docente en la Licenciatura en Artes de la escritura (UNA). Coordina talleres de narrativa. Organizó la parte literaria del libro interdisciplinario 3 historias en 1 clic, de la Fundación PH 15. (Fa editora y 27 Pulqui, 2018). Su primera novela, Oeste, fue publicada en Argentina (Conejos, 2019) y en Uruguay (Ediciones de la Banda Oriental, 2020)

Juntos crearon y editaron el proyecto 8cho Y och8

Cárcel de mujeres

 

En la cocina había un televisor blanco y negro sin control remoto. Cuando lo apagaban, la imagen se cerraba en un círculo blanco que se iba encogiendo y tardaba en desvanecerse. Las nenas tenían permiso para ver dibujitos antes de almorzar. El resto no era para niños, decía la madre y las mandaba a apagar. Llamaba, incluso, para asegurarse de que funcionara el toque de queda. A ver, pasame con Claudia. No, señora, no es la tele, estoy escuchando la radio.

Terminaron las clases y Claudia tenía que hacer las cosas de la casa, cuidar a las nenas y cuidar que no ensuciaran lo que ya había limpiado. Salía con ellas a hacer los mandados y aprovechaba para que potrearan en la plaza. Las traía saladas y con la lengua afuera. Las hacía bañar, les enchufaba la dosis de dibujos y las dejaba listas para el almuerzo, el llamado de la madre y una siesta. A las tres de la tarde, milagrosamente, la casa era de ella. Las amigas le venían calentando la cabeza con lo buena que estaba la telenovela que acababa de arrancar. Ya se sabía los nombres de los personajes y le pedía a cualquiera que le contara lo qué había pasado. Un día no aguantó más y mientras planchaba se puso la tele. Las pibitas tendrían algún imán con los rayos catódicos, porque fue prender para que se le vinieran al humo. ¿A que no sabés de qué color es el delantal?, se le ocurrió a la más grande, para mí que celeste. Claudia apostó por el gris que veía y la menor se la jugó por el rosa. Ahí corrieron las hermanas al cuarto de la madre, encendieron la tele a color y buscaron canal nueve. Ganó la mayor y Claudia les siguió jugando a las adivinanzas para sacárselas un rato de encima y poder escuchar. Ellas volvían corriendo y le contaban que el auto era rojo; que la camisa de él, amarilla; las plantas verdes y así se pasaron todo el verano yendo y viniendo entre los televisores.

Una noche la menor soñó y cuando la madre quiso saber de qué se trataban las pesadillas, le descubrió un vocabulario nuevo y mal usado: injusticia, emoción violenta, libertad condicionada, carcelera, asesina. Al día siguiente apareció en su casa antes de tiempo. Cuando Claudia escuchó la llave en la puerta corrió a apagar la tele. Pero el punto blanco de la pantalla la estaba señalando.

Poema 5

Grabado en relieve y sellos

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